Qué es la crianza compulsiva y cómo afecta a los niños

Qué es la crianza compulsiva

La crianza coercitiva es el uso de conductas parentales duras como pegar, gritar, regañar, amenazar, rechazar y controlar psicológicamente para forzar la conformidad del niño. Estos padres también utilizan con frecuencia órdenes negativas, insultos, muestras manifiestas de ira y agresiones físicas. Los padres coercitivos son padres autoritarios. Son intrusivos, dominantes y afirman un poder superior sobre el niño. La coacción suele ser arbitraria, coercitiva y prepotente1.

Los padres coercitivos suelen estar más preocupados por mantener las distinciones jerárquicas de estatus que por regular el comportamiento de sus hijos.

Este estilo de crianza difiere del estilo de crianza autoritario que impone la conformidad mediante el razonamiento, la negociación y un enfoque orientado a los resultados. Un padre autoritario se centra más en regular el comportamiento del niño que en establecer una jerarquía de estatus2.

Una crianza coercitiva es rígida e incoherente. Puede parecer contradictorio, pero tanto la rigidez como la incoherencia son características de los padres coercitivos.

Los padres coercitivos son inconsistentes a la hora de responder al incumplimiento de los niños, pero una vez que responden, es más probable que repitan las órdenes rígidas con un esfuerzo de poder3.

¿Cómo afecta la crianza coercitiva a los niños?

Para muchos padres, la crianza obediente es uno de los objetivos disciplinarios más importantes. Los padres dan forma a la crianza obediente enseñando a sus hijos un comportamiento prosocial (es decir, diciéndoles qué hacer y cómo hacerlo) y estableciendo límites adecuados.

Los padres utilizan diversos métodos de crianza para lograr este objetivo, pero no todos consiguen los resultados deseados.

Los padres que son receptivos, afectuosos y coherentes promueven el comportamiento cooperativo de sus hijos. Estos padres tienen más probabilidades de conseguir que sus hijos cumplan con la normativa4.

Los padres coercitivos generan una resistencia innecesaria, lo que da lugar a un comportamiento desafiante en lugar de un comportamiento obediente5.

Estas experiencias de la vida temprana pueden sentar las bases para el desarrollo posterior, dando lugar a cambios a largo plazo en la fisiología, el cerebro y el comportamiento.

La dureza de los padres perjudica a los niños regulación emocional y desarrollo prosocial6.

El entrenamiento y el modelado de los padres ayudan a los niños a inhibir las emociones negativas, a tranquilizarse y a concentrarse7. Sin embargo, los padres que muestran con frecuencia emociones negativas, hirientes y hostiles pueden modelar comportamientos desregulados que sus hijos pueden imitar.

La coacción de los padres es un fuerte predictor de problemas de agresividad en los preescolares. Cuando los niños en edad preescolar muestran un comportamiento agresivo, corren el riesgo de comportamiento antisocial, trastorno de la conducta y trastorno negativista-desafiante8. Los niños que crecieron con una crianza dura también corren el riesgo de la delincuencia en la adolescencia y el comportamiento delictivo en la edad adulta9.

La coacción también conduce a problemas de salud mental más tarde en la vida, incluyendo síntomas depresivos y alcoholismo10.

Una de las formas de coerción, el castigo corporal, se ha asociado con muchos efectos adversos a largo plazo en el desarrollo psicológico de los niños, entre ellos depresión y pensamientos suicidas en la edad adulta, más tarde maltrato físico a sus propios hijos11.

La crianza coercitiva no sólo es ineficaz, sino también perjudicial para el desarrollo cerebral temprano del niño y sus resultados posteriores12. Un adulto que ha crecido bajo una crianza coercitiva tiene más probabilidades de experimentar problemas relacionados con el trabajo, dificultad para mantener una relación íntima, problemas sociales y reducción de las posibilidades de alcanzar una profesión o unos ingresos superiores13.

Qué causa la paternidad compulsiva

Continuidad intergeneracional

Nuestros estilos de crianza están influenciados por nuestras experiencias como niños. Tendemos a ser padres de la misma manera que cuando éramos niños. Los científicos han encontrado esta continuidad intergeneracional en la crianza de los hijos en muchos mamíferos diferentes, incluidos los humanos.

Los niños que fueron criados con dureza son más propensos a repetir la crianza dura cuando se convierten en padres. De este modo, la disciplina y el comportamiento coercitivos se transmiten de generación en generación14.

Características de los padres

Los padres que ejercen la paternidad de forma compulsiva suelen creer que sus hijos son deliberadamente rebeldes cuando se portan mal.

Para estos padres, la rebeldía es una parte del carácter del niño que no cambia independientemente de la situación. Por lo tanto, incluso un comportamiento positivo puede provocar reacciones de enfado y coacción por parte de dichos padres. Cuando el comportamiento del niño no es familiar, los padres coercitivos asumen automáticamente intenciones hostiles y que el niño está intentando molestarles a propósito15,16.

Los padres coercitivos tienden a carecer de habilidades de regulación emocional. La disciplina dura suele producirse cuando los padres se enfadan y son incapaces de autorregularse. Esta falta de capacidad para regular las emociones también suele transmitirse de generación en generación17.

Los padres duros suelen ser menos agradables. Son menos empáticos y más antagónicos en sus pensamientos, sentimientos y acciones18.

Los padres coercitivos también tienen interacciones verbales menos positivas con sus hijos19.

Además, la depresión materna y su baja sensación de competencia en el cuidado de los hijos se asocian a la crianza coercitiva20.

Reciprocidades bidireccionales

Las reciprocidades bidireccionales entre padres e hijos desempeñan un papel en la crianza compulsiva.

El temperamento temprano se refiere a la reactividad y la capacidad de autorregulación del niño. Los niños con temperamento difícil o emocionalidad negativa tienden a influir en el afecto de los padres y provocan un mayor control parental21.

El comportamiento difícil de un niño también puede provocar un mayor rechazo y negatividad por parte de los padres22.

El uso del castigo físico puede, a su vez, reforzar el temperamento difícil del niño y su comportamiento agresivo23.

Cuando este patrón de relaciones bidireccionales da lugar a un ciclo creciente de influencia mutua, se convierte en un ciclo coercitivo entre padres e hijos24.

Cómo cambiar la crianza coercitiva

Normalmente, la intención de los padres no es reforzar negativamente el mal comportamiento.

Pero una vez que lo hacen, se pone en marcha un patrón que es difícil de corregir.

Los programas de formación de padres y la intervención temprana son eficaces para reducir la crianza coercitiva y mejorar la crianza positiva.

Los padres pueden aprender a abordar las siguientes cuestiones mediante programas de formación para padres.

Regulación emocional.

La desregulación emocional de los padres es el sello distintivo de la crianza coercitiva. Una regulación eficaz de las emociones puede servir de amortiguador entre el nivel de estrés impuesto por la crianza de un hijo difícil y la reactividad emocional del padre.

Los padres severos suelen utilizar estrategias de afrontamiento evasivas, como la negación y la desvinculación mental, para hacer frente a las emociones negativas. En su lugar, utilice un reencuadre positivo para ver el problema desde un ángulo diferente25.

Atribución de los padres

La interpretación que hacen los padres del comportamiento de sus hijos puede afectar al nivel de excitación emocional que experimentan como respuesta.

La comprensión del comportamiento adecuado a la edad y la capacidad de considerar explicaciones alternativas para el comportamiento del niño ayudan a los padres a mantener la curiosidad y la imparcialidad en lugar de la hostilidad o el enfado.

Técnicas de crianza positiva

El uso de técnicas de crianza positiva ayuda a los padres a gestionar el comportamiento de sus hijos de forma más eficaz y pacífica.

La mejora de las habilidades parentales también aumenta la sensación de autoeficacia de los padres y reduce la necesidad de aplicar una disciplina severa20.

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